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Momentos de mescal: Inspiración
En caso de que usted no esté familiarizado con la bebida alcohólica llamada mezcal, me dicen que está producida de la planta de maguey de México. Es la bebida que contiene un gusano en la botella.
Es una cuestión de gustos, pero no soy parcial a un licor en el cual nadan los bichos. Aparte de eso, no me gustó el mezcal la primera vez que lo probé, debido a que lo tomé a mediados de julio mientras visitaba San Luis Río Colorado, Sonora, al sur de Yuma.
Si ustedes han vivido en la región de Yuma y SLRC por un año entero, saben muy bien que el calor en julio es muy extremo. Entonces, si el sol está quemando la piel, ¿no le parece una mala idea calentar la garganta y el estómago también con un líquido ardiente como el mezcal?
Se puede decir que la sola idea es una estupidez.
Para mí, mi momento de mezcal fue un momento de iluminación.
Permita que le explique.
Durante mis años escolares en Arizona, tomaba cursos de español, más o menos para cumplir con el deseo de mis padres de que yo aprendiera el idioma.
Pero poco a poco, me dí cuenta que el conocimiento del español tendría valor para mí, debido a que tenía planes de seguir viviendo en Arizona, estado que limita con México.
Y aunque mis planes se cambiaron y me moví a Texas, llegué a la ciudad fronteriza de Del Río, donde iba a tener mucha oportunidad de poner en práctica la facilidad rudimentaria con el idioma que yo había adquirido a través de los planteles escolares.
Luego, salí de la frontera de Texas y México, regresé a Arizona, al rincón noroeste del estado, donde no tenía mucha ocasión de hablar el español. Empecé a olvidar las palabras y reglas gramáticas que había aprendido en la frontera, Justo cuando me desesperé de que nunca volvería a utilizar el idioma de nuevo, tuve la oportunidad ir a Yuma para una entrevista de trabajo, para un puesto en este periódico. Llegué y mientras esperé la hora de la entrevista, fuí para San Luis Río Colorado, nada más para visitar y hacer compras.
Por tal motivo, me encontré en la licorería, escena de mi momento de mezcal.
Se puede decir no es muy inteligente tomar alcohol antes de ir a una entrevista de empleo, pero como les dije, para mí el momento fue uno de iluminación.
Acudí a la licorería, y me dí cuenta de la oportunidad de utilizar el idioma que había descuidado. Escogí una botella de tequila oscura y una de tequila blanca, y pedí al propietario que me explicara la diferencia de las dos. Realmente, podía distinguir entre las dos, pero pensé que el tema de tequila serviría para iniciar la conversación.
Me contestó, en inglés. Hice otra pregunta sobre tequila, en español. Me contestó, en inglés.
Hice aun otra pregunta, otra vez en español, y por fin, el me contestó en español. Y seguimos platicando en español por la próxima hora, mientras la conversación cambio de un tema a otro.
Es cierto que cometí errores de gramática, sintaxis y pronunciación, pero me pareció que el proprietario, de nombre Roberto, apreció el intento que hice yo.
Al final, alargó la mano a un estante y recogió una bebida que, insistió él, era más sabrosa que cualquier de las dos tequilas que yo había pensado comprar.
Era una botella redonda con una etiqueta que la identificaba como Mezcal Monte Albán. Al momento no pude ver por el cristal oscuro, al gusano que había dentro, pero sabía que ahí estaba.
Roberto me sirvió un trago, mientras me explicaba que el mezcal se originó de la planta de maguey en Oaxaca en el sur de México. Suprimí el impulso de taparme la boca, y fingí saborearla. Más que el mezcal, lo que me impresionó fue el gesto de Roberto de compartir un trago conmigo.
Nada más para iniciar una discusión sobre los méritos del alcohol, yo había hecho una amistad. Y me acordé de la razón por la que había dedicado mi tiempo al estudio para aprender a conjugar verbos y pronunciar las palabras en español.
Fue mi momento de mezcal.
Si ustedes están luchando para aprender el inglés, no se den por vencidos. Persistan y perseveren. Su momento de mezcal les llegará un día. Entonces el idioma será mas fácil de aprender.
Como sucedió, consiguí el trabajo en Yuma. Y si la memoria no me falla, lo celebré con un trago — ¡pero no de mezcal!



