Otras notas en esta categoría
FE DE ERRATAS ... No hay pero sordo que el que no quiere escuchar
Todo es cuestión de actitud, de tener ganas, de no ser conformista
Qué difícil es tratar de convencer a las personas de algo, cuando en realidad no quieren ser convencidos, peor aún, a pesar de que hacen como que escuchan en realidad las intenciones y objetivos están alejados de la mesa de negociación. Lo único que hacen es ganar tiempo, cuando saben desde un principio que no cambiarán su postura por ninguna razón ya que no convienen a sus intereses.
Esto es válido en todos los niveles, desde el presidente Obama tratando de convencer a los republicanos de su plan para generar empleos, hasta el plano personal. Cuantas veces no hemos tratado de hacer entrar en razón a alguien, explicándole en detalle todos los aspectos, y a pesar de que uno cree que fue suficientemente claro, la persona no entiende. La verdad es que no hay peor sordo que el que no quiere oír.
Por eso en muchos casos las personas funcionan con la coerción, solo hasta que pasa algo muy grave los canales de comunicación se abren. Parece que nuestra cultura no es receptiva, no hemos sido educados para escuchar y tomar decisiones basados en razonamientos lógicos, muchas veces nos gana el aspecto sentimental o simplemente los intereses banales.
Cuantas veces no hemos visto que una persona obtiene un puesto laboral basado en su figura física y no en la capacidad para desarrollar la función propia de la posición. Es muy común obtener beneficios por medio de emprender una cultura de miedo, amedrentar, o tener una conducta que incida en el interlocutor. Más aun, la corrupción e influyentísimo trabajan en la misma directriz.
Es fácil no pensar en esto bajo la premisa de que el mundo no es justo, con eso nos sacudimos la mayoría de los defectos que como sociedad tenemos, pero si admiramos a países que tienen mejor nivel de vida que nosotros, pues tenemos que aprender lo que se hace bien en esos lugares. No esperemos justicia cuando nosotros no somos justos con nosotros mismos y con nuestro alrededor.
Esperamos mucho de todo y de todos, pero en el recuento de lo que hacemos, en realidad damos muy poco. Nos gusta hacer, pero no que nos hagan. Es difícil cambiar las inercias con las que nos han educado, pero es posible cambiarlas, así como es posible aprender un idioma o utilizar el cinturón de seguridad cada vez que conducimos. Todo es cuestión de actitud, de tener ganas, de no ser conformista.
Pero cuando dos personas o grupos, tratan de imponer su voluntad sin escuchar y comprender, difícilmente podrán ser convencidos. No pasará cuando hay intereses políticos, económicos o cualquier cosa que cambiará su cómoda vida. Como dicen en mi tierra, “árbol que crece torcido... solo sirve para columpio”.
Suena muy idealista cambiar para ser mejor y que siempre hay algo que mejorar. Pero todo lo demás es conformismo. Aprendamos de personas como Steve Jobs, un genio contemporáneo que visualizó la computadora portátil, ipod, iphone, ipad, itunes; Cada concepto ha revolucionado el mercado y la industria tecnológica. Nos saludamos la siguiente semana.




