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FE DE ERRATAS/La gran lección de los padres
Cuando uno es joven no valora la labor que hacen los padres para darnos los mejores herramientas para la vida, uno siente que la obligación de ellos es darnos y nuestro único compromiso como hijos es recibir todo lo que se nos da.
Pero el tiempo pone las cosas en su lugar, el día de mañana llega puntual a la cita y nos toca el turno de ser padres; queremos no repetir los errores que se cometieron con nosotros, pero también repetimos esquemas y tendencias. Algunas veces queremos darles a nuestros retoños lo que quizá nosotros no pudimos tener.
No hay escuela o fórmula que nos diga a ciencia cierta si estamos haciendo lo correcto o no, o bien, cual es la responsabilidad de nosotros sobre el destino de nuestros hijos. Las culpas pasan su factura y el destino siempre tiene sorpresas en el camino. Por ello hay que hacer lo mejor posible en todo minuto, uno nunca sabe cuándo los vientos cambiarán de dirección.
Y si el destino de los padres es separarse, hay que acudir a lo más recóndito de las neuronas para hacer uso de carácter e inteligencia para evitar dañar a los hijos. Si una pareja no funciona, pues se acabó y aunque en principio es difícil, lo mejor para todo mundo es la separación.
Aunque nos invadan los sentimientos más primitivos de rencor y venganza hacia la otra parte por motivos de la separación, es una actitud retrógrada e insensible utilizar a los hijos como instrumento de negociación. Muchas veces se pierde de vista que los más afectados por una separación son los hijos, y si los usamos para esconder nuestros miedos, rencores, errores, omisiones, desamores, problemas y todo lo que suscitó la ruptura, es un acto de lo más vil.
Los padres debemos darles las mejores herramientas a los hijos para enfrentar al mundo, debemos ser soporte emocional y estar ahí cuando se nos necesita. Cuando los padres se separan todos estos vínculos se deben afianzar hacia los hijos, minimizar el daño, comunicase de tal manera que se entienda que dos personas adultas se separan, pero el amor y el compromiso con los hijos por parte de cada uno, sigue ahí.
En esa medida los hijos entenderán y afrontarán mejor el problema, es decir, ante una nueva situación hay que otorgar otros elementos. Los hijos deben percibir que aun separados, ellos cuentan con ambos padres, y aunque de momento tengan muchas dudas, a futuro es el mejor camino a seguir.
El principal problema es cuando uno siente que tiene un derecho superior sobre la otra persona, en el estira y afloja los más dañados son los hijos. Primero se les priva de tener una familia y luego se les priva de un padre. Esto es lo más nocivo e inadecuado.
La gran lección que debemos darle a nuestros hijos es la capacidad de aceptar el cambio y seguir estando ahí para ellos, de manera distinta, pero ahí. Como padres responsables debemos anteponer nuestros problemas por el bien superior de los hijos. Eso es ser responsable y comprometido con la finalidad de dale lo mejor a nuestra descendencia.
Nos saludamos la siguiente semana.




